Contrabando, prostitución y muerte: el horroroso registro de las prisiones privadas en EE.UU.

14 abril, 2018

“Me dijo que me iba a golpear hasta la muerte y destrozarme la cara como a un perro. Me lo dijo cara a cara. Cogió su radio y me lo restregó diciendome que iba a romper mi cabeza”. Éstas fueron las palabras con las que Latandra Ellington, una joven reclusa de 36 años de la prisión de Lowell, al centro de Florida, informó a su tía sobre la vulnerable situación en la que se encontraba a raíz de las reiteradas amenazas de los guardias carcelarios.

Al leer la correspondencia su tía, Alagarene Jennings, entró en shock y con el temor de que la vida de su sobrina pudiese correr peligro, se puso en contacto con las autoridades del recinto penitenciario, a quienes comunicó la declaración que minutos antes le había entregado su sobrina a través de una carta. Ante la inusual petición, los guardias que atendieron su llamado le aseguraron que Ellington sería trasladada hasta un lugar en donde tendría protección especial.

RT News

Al día siguiente de recibir la carta, el 22 de septiembre de 2016, autoridades del recinto penitenciario para mujeres le informaron a Jennings que su sobrina había muerto en la mañana por “causas naturales”. Al indagar en la autopsia que presuntamente se le había realizado al interior del recinto, el portavoz le comunicó que la reclusa tenía grandes cantidades de medicamentos para la presión arterial en la sangre, hecho que podría haber desencadenado su deceso.

El diagnóstico entregado desde la cárcel significaron sólo excusas para su tía, quien horas antes había recibido la carta de su sobrina, quien temía por su propia vida al interior del recinto penitenciario. En el preciso momento en que el cuerpo fue entregado a sus familiares, Jennings demandó la realización de una autopsia de forma independiente, la cual arrojó la antítesis de lo que habían informado horas antes.

Latandra Ellington de 36 años falleció por una “hemorragia provocada por un trauma consistente con un fuerte golpe en la región del abdomen”. Al ver por sus propios ojos el cadáver de su sobrina, notó de inmediato que su sobrina había sido víctima de una verdadera golpiza al interior de la cárcel.

La parte derecha del rostro tenía un golpe profundo. Había una cicatriz en uno de los ojos, pero se notaba que era reciente”.

Pese a los resultados que entregó la autopsia independiente, autoridades del centro correccional para mujeres determinó, a través de una investigación del Departamento de Policía e Florida, que la mujer de 36 años había muerto por “causas naturales”, dando por finalizada la investigación a raíz de su inesperado fallecimiento.

“Los hijos de Latandra necesitan respuestas”, gritaban los familiares de la reclusa fallecida a las afueras de la prisión de Florida.

RT News

Trabajar en condiciones precarias

Hace menos de 10 días, un grupo de guardias de The Federal Correctional Institution, una prisión ubicada en Tallahassee, la capital de Florida, denunció a viva voz las precarias e inhumanas condiciones de trabajo con las que deben coexistir día tras día. Cantidad insuficiente de guardias para resguardar a los presos y ser completamente ignorados por las autoridades de prisión son una de las grandes problemáticas que desembocan en motines de reclusos, suicidios y actitudes violentas por parte de los guardias.

Timothy Butler, el alguacil del recinto, acusó que al presentar las fallas del sistema actual a sus superiores, fue ignorado vilmente por ellos, a quienes parece no interesarles en absoluto el alto índice de mortandad entre los reclusos.

“Los superiores parecen ajenos a la realidad de nuestras condiciones de trabajo. No les interesa las violaciones de disciplina, ni les parece importar el alto índice de mortandad entre los reclusos”.

“Lo digo con pleno sentido de responsabilidad. A mi me da miedo caminar por los pasillos de la cárcel. Si tenemos una crisis no hay personal suficiente para ayudarme”.

Esta situación lamentablemente coexiste en la mayoría de las cárceles privadas de Estados Unidos y del mundo, en donde a raíz de la falta de personal capacitado, los guardias, quienes son retribuidos con patéticos salarios, temen por sus vidas en las horas de trabajo, permitiendo una abrupta escalada en la violencia que es transmitida hacia los reclusos.

Se trata de un círculo viciososo, el cual sólo pareciera tener solución a través de la intervención del gobierno, ya que la mayoría de los Estados que poseen cárceles privadas, poseen contratos con empresas privadas para reducir al mínimo los costos. Hecho que permite el surgimiento de malas prácticas como redes de contrabando, drogas y prostitución al interior de los establecimientos y por parte de los guardias, quienes buscan aumentar su salario, sin importar las consecuencias.

A raíz de un informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2016, en donde se concluyó que las prisiones privadas existía más violencia que en instituciones administradas por el gobierno. A raíz de esto, Barack Obama intentó desestimar su uso a nivel federal al prohibirlas, sin embargo el fiscal general del actual presidente, Donald Trump, revocó la prohibición. Se estima que en las prisiones privadas cerca del 20% de los reclusos muere por “causas no naturales”, las cuales hacen alusión a asesinatos, suicidios y motines.

BBC

La reinserción se vuelve una fantasía

La amenaza latente que coexiste tanto con los reclusos, como con los guardias desencadena una escalada en la violencia. Los reclusos se vuelven aún más violentos al interior de las cárceles, lo que genera que la futura reinserción se vuelva una verdadera fantasía. Mientras que los guardias, por temor, deben recurrir a métodos prohibidos al interior de las cárceles para lograr sobrevivir, los reclusos se matan entre ellos o se suicidan por las paupérrimas condiciones en las que coexisten.

Al igual que la mayoría de las problemáticas sociales, las autoridades enfocan su atención en el producto y no en la raíz del problema. Las condiciones en las que coexisten tanto las cárceles privadas como estatales a nivel mundial, permite que las prisiones se sustenten a través del tiempo, ya que habitar en un recinto con estas condiciones permite que los reclusos sean liberados con la misma rabia y odio con la que ingresaron. De esta forma, éstos vuelven a cometer los mismos errores y regresan a las prisiones, en donde el círculo parece no encontrar fin.

En conversación con “El Mundo”, Molly Watson, abogada e integrante del Observatorio Correccional de Florida, asegura que, increíblemente, las condiciones actuales de las prisiones son las mismas que hace dos siglos

“La preocupación de los legisladores se centra más en su futuro político inmediato y no en la transparencia de lo que pasa en las prisiones. En muchos sentidos, estamos viviendo en la segunda década del siglo XXI el mismo escenario del sur estadounidense del siglo XIX”.

      

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